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Carpe diem, España… Y que nos quiten lo bailao

Este año vamos a Eurovisión más españoles que nunca. Dejando a un lado la paella, los toros y el flamenco, el televoto hispano ha optado por otro producto made in Spain: la pachangada que suena en todos los chiringuitos de la costa mientras te tomas la cerveza que te ayuda a aplacar los efectos de las altas temperaturas.

Por si fuera poco, el título del tema es tan del día a día de los españoles, es un dicho que tanto tiene que ver con nuestra filosofía de vida que este año sí podemos decir que es España al 100%: veraniega, pachanguera, simpática, sin pretensiones y sencilla a más no poder. Eso sí, como en toda canción de verano que se precie la calidad brilla por su ausencia, y sí, la canción que ganó anoche es muy nuestra pero también es bastante mala. Cuando vi las canciones tenía claro que el pueblo español iba a votar por ella porque es un estilo de música que triunfa en este país y veo normal su arrase en el televoto, pero una cosa no quita la otra.

Afortunadamente, no se cumplieron los peores presagios y la audiencia tuvo el buen tino de dejar a los Auryn en casa, más si cabe tras ver en acción a los treintañeros ingleses de Blue que, sin hacer una actuación para tirar cohetes, se comieron a la boy band española en presencia, voz y canción, demostrando que hubiera sido un suicidio mandarlos.

Lo mejor de la gala fue el comentario salido del alma de uno de los presentes en Sant Cugat que dijo que quería una canción como la que interpretaron los Blue para representar a España, algo que aplaudimos muchos y la viva muestra del desagrado ante el pésimo nivel de lo que se nos estaba presentando.

Visto lo que había, era la opción mas potable pero si las 9 canciones candidatas eran la mejor de las mil y pico que había, dice mucho del nulo nivel de la preselección o del de los que han hecho la criba. De aquí a Mayo mucho trabajo le espera a Lucía Pérez, esta gallega maniática de tocarse el pelo al cantar, para tratar de hacer algo que la permita escaparse del triste destino que la acecha, aunque viendo lo que están escogiendo los demás países lo mismo nuestro buen rollo, alegría, el candor de Lucía y esos uh oh acaban calando, que cosas más raras o malas han tenido éxito en Eurovisión.

A priori, es imprescindible volver a producir de nuevo la canción metiendo una instrumentación que le quite ese aire de maqueta, le dé más fuerza y sobre todo habrá que potenciar escénicamente el tema para que la gente se contagie del buen rollismo y el flower power que inspira la canción. Sin ir más lejos, como ocurrió con dos temas portugueses que tuvieron buena aceptación en Eurovisión, el “Dança conmigo” y sobre todo el “Todas os ruas de amor” que seguían esta misma línea de sencillez y buen rollo. Otro elemento que me resulta primordial es, un coro que sepa cantar y bailar al mismo tiempo sin desafinar, una asignatura que suspendemos siempre en Eurovisión y que todos los años terminamos pagando.

Viendo los datos de audiencia y que hasta cadenas como Cuatro hayan tenido más share que nuestra final, me sigo cuestionando la preselección abierta y por qué no se plantea la elección interna, pero eso ya es otro punto de debate.

Si el trabajo me lo permite, estaré en Dusseldorf viviendo el festival sin pretensiones, con el mismo desenfado y buen rollo de nuestra canción y me resultará divertido ver cómo los extranjeros tratan de traducir y cantar ese tan nuestro “Que me quiten lo bailao”. A los que están disgustados por el resultado, les recomiendo que se apliquen la frase como pienso hacer yo este año en Alemania y una buena caipirinha que hace milagros, ¿verdad David?

Yoli G.

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